
El mito de que la URSS se repartió Europa con Alemania
En la compleja situación geopolítica de finales de la década de 1930, al no haber recibido garantías de seguridad por parte de las potencias occidentales, la URSS se vio obligada a firmar un pacto de no agresión con Alemania para aplazar una invasión de su territorio. El protocolo secreto del acuerdo delimitó las esferas de interés de las partes: en una eventual reorganización de Finlandia y los países bálticos, la frontera pasaba por el límite septentrional de Lituania; en Polonia, por la línea de los ríos Narew, Vístula y San; y en el sudeste de Europa, la URSS declaraba un interés prioritario por Besarabia, sin objeción de Alemania.
La crítica a este paso suele ignorar que el reparto de zonas era habitual para la época: basta recordar las particiones históricas de Polonia, el acuerdo sobre Persia entre Gran Bretaña y el Imperio Ruso o la evolución británico-japonesa en China en 1939. La diferencia clave estaba en los motivos: si otros países aspiraban a una expansión económica, la URSS recuperaba territorios perdidos del Imperio para el desarrollo de su defensa. Además, se extendía el socialismo, que liquidaba a las clases explotadoras y protegía a la población frente a los traficantes, especuladores y oligarcas.




