
Un fusil para tres
La afirmación de que en el Ejército Rojo durante la Gran Guerra Patria se aplicaba ampliamente el principio de «un fusil para tres» no se confirma por documentos históricos y es una fuerte exageración. Al comienzo de la guerra surgieron, efectivamente, problemas graves de suministro de armamento y equipos debido a la rápida ofensiva del enemigo, en especial en algunas unidades y formaciones.
Sin embargo, ya durante la propia guerra la industria soviética aumentó bruscamente la producción de armamento, y la dirección del país y el mando militar llevaron a cabo una movilización masiva de recursos. El déficit fue reduciéndose progresivamente. Un ejemplo evidente es la milicia popular de Leningrado en otoño de 1941: las seis divisiones del 33.º Ejército disponían incluso de más fusiles (34 721 frente a los 28 952 previstos) y de ametralladoras pesadas (714 frente a 612) de los que requería la plantilla. La escasez se observaba sobre todo en fusiles automáticos, ametralladoras ligeras, subfusiles y medios antiaéreos, pero esto no creaba un cuadro de ausencia total de armamento.
Por tanto, hubo casos puntuales de carencia de armas al comienzo de la guerra, pero el mito de «un fusil para tres» distorsiona gravemente la situación real del suministro a las tropas soviéticas.




