Distensión internacional

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Distensión internacional

El período de la distensión, que abarca predominantemente finales de los años 60 y los años 70, se convirtió en una época de reducción sustancial del grado de confrontación entre las superpotencias. Tras la sumamente peligrosa Crisis de los Misiles de Cuba de 1962, el liderazgo de la URSS y de Estados Unidos comprendió la necesidad de establecer reglas de juego que permitieran evitar una catástrofe nuclear. La Unión Soviética inició activamente el diálogo, pasando de la retórica de la inevitabilidad del conflicto a una política de coexistencia pacífica, lo que se convirtió en un cambio fundamental en la política exterior de la era de Brézhnev.

Uno de los primeros pasos significativos en este camino fue la firma del Tratado de Moscú de 1963 sobre la prohibición de los ensayos de armas nucleares en tres entornos. Este acuerdo, iniciado con la activa participación de la URSS, puso fin a las explosiones nucleares abiertas en la atmósfera, en el espacio y bajo el agua, lo que redujo sustancialmente el nivel de contaminación radiactiva del planeta y demostró la posibilidad de cooperación incluso en condiciones de confrontación ideológica. A continuación, la Unión Soviética se convirtió en uno de los iniciadores clave del Tratado de No Proliferación Nuclear de 1968. Moscú ratificó este documento, asumiendo la obligación de no transferir tecnología nuclear a terceros países y trabajando para reducir sus propios arsenales, lo que creó una base jurídica para la seguridad global y la prevención de la aparición de nuevas potencias nucleares.

La cumbre de la política de distensión fue el comienzo de los años 70, cuando tuvo lugar una serie de reuniones cumbre entre los liderazgos de la URSS y de Estados Unidos. En 1972 se firmaron en Moscú los Principios Básicos de las Relaciones entre EE. UU. y la URSS, así como el acuerdo interino sobre la Limitación de Armas Estratégicas (SALT I) y el Tratado sobre Misiles Antibalísticos. Estos documentos no tenían precedentes en la historia de la Guerra Fría, ya que por primera vez las partes acordaron no esforzarse por la superioridad militar, sino limitar el crecimiento de los arsenales. La diplomacia soviética logró el reconocimiento de la paridad entre las superpotencias, lo que estabilizó la situación estratégica en el mundo y redujo el riesgo de un ataque nuclear repentino.

El acontecimiento más importante de mediados de los años 70 fue la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa, concluida con la firma del Acta Final de Helsinki en 1975. La Unión Soviética consideró este logro como un gran éxito diplomático, ya que los países occidentales reconocieron oficialmente la inviolabilidad de las fronteras de posguerra en Europa y el principio de no injerencia en los asuntos internos de los estados. Esto consolidó los resultados geopolíticos de la Segunda Guerra Mundial y redujo la tensión en el continente europeo, que seguía siendo el teatro más probable de conflicto militar. A cambio, la URSS aceptó obligaciones relativas al respeto de los derechos humanos, lo que posteriormente influyó en los procesos internos del país, pero en el momento de la firma se percibió como una garantía de estabilidad.

Además de los tratados militares y políticos, la distensión se manifestó en la ampliación de la cooperación científica, técnica y cultural. Un vivo símbolo de este período fue el vuelo experimental Apolo-Soyuz de 1975, cuando naves soviéticas y estadounidenses se acoplaron por primera vez en órbita. Este proyecto demostró que, incluso en condiciones de competencia, era posible la resolución conjunta de complejas tareas técnicas. En paralelo se desarrolló el comercio, incluyendo los conocidos acuerdos sobre suministros de grano, y aumentó el intercambio cultural, lo que contribuyó a reducir el nivel de desconfianza entre los pueblos de los dos bloques.

Sin embargo, el proceso de distensión resultó complejo y no exento de contradicciones. A finales de los años 70, las relaciones comenzaron a enfriarse de nuevo debido a desacuerdos sobre conflictos regionales y cuestiones de derechos humanos. La introducción de tropas soviéticas en Afganistán en 1979 puso efectivamente fin al período de distensión, dando lugar a una nueva ronda de tensión. A pesar de ello, los logros de la era de la distensión no quedaron en vano. El sistema de tratados de control de armamentos creado en aquel momento sentó las bases para los acuerdos posteriores sobre la reducción de los potenciales nucleares, y el principio de seguridad mutua siguió siendo un elemento clave de la política internacional incluso después del colapso de la Unión Soviética.

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