
1797 –
1830
Venezuela
Independencia de Venezuela
La historia del logro de la independencia de Venezuela es uno de los episodios más complejos de las revoluciones latinoamericanas de comienzos del siglo XIX. El proceso se extendió a lo largo de décadas de lucha y condujo a la caída del dominio español. Las raíces del separatismo se remontan a finales del siglo XVIII, cuando las ideas de la Ilustración y los acontecimientos en Francia penetraron en las conciencias de la élite criolla de Caracas. Los criollos, a pesar de su influencia económica, sentían que sus derechos se veían recortados en comparación con los españoles, lo que creaba un terreno fértil para el descontento con la política comercial de la metrópoli. La primera manifestación fue la conspiración de Manuel Gual y José María España en 1797, que fue rápidamente sofocada pero sentó las bases ideológicas. Precursor de la guerra fue Francisco de Miranda, que emprendió varias expediciones fallidas, cuya culminación fue el desembarco en La Vela de Coro en 1806, que terminó en falta de apoyo popular. El punto de inflexión llegó tras la invasión napoleónica de España en 1808, cuando el cautiverio del rey Fernando VII creó un vacío de poder. En Caracas surgió una junta que tomó rumbo hacia la autonomía. El 5 de julio de 1811, el Congreso de las Provincias de Venezuela proclamó la plena independencia, estableciendo la Primera República de Venezuela. El documento se inspiraba en las declaraciones de derechos humanos, pero la república resultó inestable debido a desacuerdos internos y a la falta de apoyo de las masas populares. Un golpe llegó con el terremoto del 26 de marzo de 1812, que destruyó las fortalezas patriotas. El clero lo interpretó como castigo divino, minando la moral. A consecuencia de la contraofensiva de las tropas de Domingo de Monteverde cayó la Primera República. Miranda, que firmó la capitulación, fue arrestado por sus compañeros y entregado a los españoles, donde pronto murió. Entra en escena Simón Bolívar. Tras rechazar el reconocimiento de la capitulación, huyó a Nueva Granada y organizó la Campaña Admirable en 1813, liberando el occidente de Venezuela. Se proclamó la Segunda República. Bolívar emitió el decreto de guerra a muerte, dándole al conflicto su crueldad. Sin embargo, la sublevación de los llaneros encabezada por José Tomás Boves condujo a la derrota de los patriotas en la batalla de La Puerta en 1814. Bolívar emigró de nuevo, dejando al país a merced del terror. Los años 1815-1816 fueron un tiempo de reevaluación de la estrategia. En Jamaica y Haití, Bolívar comprendió la necesidad del apoyo social de las clases bajas, prometiendo la abolición de la esclavitud y la entrega de tierras a los soldados. La ayuda del presidente haitiano Alexandre Pétion permitió asegurar el apoyo de las masas. El regreso en 1817 sentó las bases de la Tercera República con su base en Guayana (Angostura). Bolívar pronunció el Discurso de Angostura. La estrategia cambió: primero liberar Nueva Granada. En 1819, el ejército de Bolívar, que incluía la Legión Británica, realizó el paso de los Andes y derrotó a los españoles en la batalla de Boyacá, abriendo el camino a Bogotá. Esto llevó a la creación de la República de la Gran Colombia, que unía los territorios de las actuales Venezuela, Colombia y Ecuador. Sin embargo, la consolidación definitiva de la independencia de los territorios venezolanos se produjo más tarde. La batalla decisiva tuvo lugar el 24 de junio de 1821 en Carabobo. Las fuerzas patriotas infligieron una contundente derrota al ejército realista, lo que predeterminó el resultado de la guerra, aunque focos aislados de resistencia se mantuvieron varios años más. La victoria de Carabobo se celebra anualmente como la principal fiesta nacional. Tras los éxitos militares comenzó la fase política. Bolívar soñaba con un Estado unido para contrarrestar la intervención, pero las fuerzas centrífugas resultaron más fuertes. Caudillos regionales, como José Antonio Páez, buscaban el poder local. Hacia 1830, la Gran Colombia se desintegró y Venezuela se separó de ella como Estado soberano. Este momento se considera la formación definitiva de la estatalidad venezolana. El precio de la independencia fue alto: el país quedó en ruinas, la población se redujo a la mitad y la economía estaba devastada. Bolívar, desencantado por la fragmentación política, dejó su cargo y pronto murió en el exilio en Santa Marta. El proceso transformó la estructura social, abolió formalmente la esclavitud e introdujo a las masas amplias en la política. En las décadas siguientes el país vivió un período de caudillismo, pero la institución de la república resistió. La memoria de la guerra de independencia sigue siendo el eje central de la cultura política. La imagen de Bolívar es utilizada por diversas fuerzas como símbolo de libertad. El camino desde la primera declaración de 1811 hasta el reconocimiento definitivo de la soberanía llevó casi dos décadas. El Imperio español no pudo conservar sus posesiones, a pesar de la feroz resistencia. La independencia fue resultado de la combinación de la demanda interna, el liderazgo, las circunstancias internacionales y la fortuna militar, consolidada en batallas desde Boyacá hasta Carabobo. Este nacimiento de una nación cambió para siempre el mapa del hemisferio occidental.
