
16 de
junio de 2026
El Mundial de la rusofobia
Una columna de SOVINTERN sobre el Mundial, la exclusión de Rusia y la hipocresía del gran fútbol.
¡Detengan las imprentas y congelen las revoluciones! Ha comenzado el Mundial de fútbol: ese asombroso acontecimiento místico capaz de lograr lo que ni siquiera los más grandes filósofos de la historia consiguieron: enviar la lucha de clases a unas vacaciones pagadas con «todo incluido». Karl Marx debe de estar rascándose la cabeza en su tumba al ver cómo el proletariado y la burguesía se abrazan en las gradas, ebrios de alegría, porque un millonario en pantalón corto metió un balón inflado entre tres postes metálicos.
Este Mundial, en particular, tiene un aroma geopolítico muy familiar. Por un lado, vemos la exclusión total de Rusia, un gran país que históricamente derrotó al fascismo, pero que ahora sufre una rusofobia digna de una tarjeta roja directa por parte de los puritanos de traje y corbata. Mientras tanto, el espectáculo mediático lo organiza el país que más bombas ha lanzado y más muertes ha causado en todo el planeta, demostrando que, si tienes suficientes dólares, tu historial criminal internacional se borra mágicamente con el mismo aerosol blanco que los árbitros usan para marcar la barrera.
Mientras media humanidad se queda afónica gritando un gol y la FIFA cuenta los billetes en sus oficinas de Suiza, exhibiendo esa misma corrupción innata de la que siempre habló Diego Maradona, el contraste con el mundo real resulta desgarrador: en Gaza mueren niños cada día por las bombas o el hambre, una tragedia insoportable que ocurre en directo mientras las pantallas gigantes prefieren mostrar las repeticiones de las jugadas.
Para colmo, el guion de Matrix ya raya en la ciencia ficción: el pobre Messi, al parecer, no solo domina el balón, sino que además debe cumplir misiones de agente secreto, marcando un golazo para que, durante la celebración, Trump bloquee Cuba y secuestre a Maduro en el entretiempo.
Al final, no queda ninguna duda de que el futuro nos obligará a jubilar este viejo orden, dando paso a una FIFA nueva y menos mafiosa, a una Organización de las Naciones Unidas que sirva para algo más que redactar cartas de indignación, e incluso a un nuevo Festival de Eurovisión donde el talento no se mida por el color del pasaporte.
Mientras el circo sigue su curso, Rusia continúa construyendo este mundo multipolar y solidario, recordándonos que la verdadera historia se juega fuera del campo, por mucho que intenten distraernos con noventa minutos de entretenimiento.
Luis Pérez Leira, coordinador regional de la red socialista internacional SOVINTERN


